martes, 24 de noviembre de 2009
UNA DULCE PRINCESA SIN CORONA...
Mi Princesa sin corona, juega en sus ojos, con las estrellas alzadas, de la noche firmada de luna. Pasea sus pupilas habladas de martíni con limón, por los precipicios de mar, alcanzados de cantos de olas y bosques de coral. Saca una sonrisa de su boca y en ella espiga la manzana y el rosal pescado de los lagos de fresas. En mi Princesa sin corona, perdí mi mano quemada de versos y mi pluma en los valles de piel y poros aplazados de invierno y en su cuerpo distanciado de otoño. Mi Princesa sin corona desato la primavera en mí.
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